“Yo me quería salir de este tipo de vida, pero las cosas así se dieron y aquí estoy… Ni modo”

Tres de la tarde. El tráfico en Periférico estaba a tope. Dentro de uno de los cientos de autos que ahí circulaban iba Sandra Ávila Beltrán. 

Sus hombros rozaban los de un par de elementos de la Agencia Federal de Investigación (AFI) que acababan de detenerla. Y ahí, bajo el sol y atrapada, no sólo por el tránsito de un viernes de quincena, La Reina del Pacífico contó: “yo no quería dedicarme a esto.

Yo no pedí vivir esto, pero lo traigo en la sangre…” Hablaba sobre su vida rodeada por el narcotráfico. Sobre sus familiares que se dedicaron al negocio. Sobre los esposos que le mataron, y el secuestro de su hijo.

“Yo no creo en el destino, pero mi vida la puse así… yo no quería vivir esto, pero las circunstancias me pusieron aquí…”, les dijo a los investigadores mientras la llevaban a la Procuraduría General de la República (PGR).

Y les recordó que desde chica convivió con Rafael Caro Quintero, con Miguel Ángel Félix Gallardo, con Juan José Quintero Payán… “puros grandes”. Los agentes federales que iban junto con ella relatan a Crónica parte de lo que pasó en el trayecto de poco más de una hora. “No podemos decir todo lo que nos dijo, porque sería poner en peligro nuestra vida y nuestras investigaciones”, dice uno de ellos. Iban del Vips de San Jerónimo Lídice, donde la capturaron, hasta las instalaciones de la PGR, cercanas al centro de la ciudad. 

“El tráfico estaba horrible. Íbamos tensos, preocupados. Imagina, llevábamos a una de las mujeres más buscadas en México y Estados Unidos y estábamos parados en el tráfico del Periférico”, recuerda un agente. El temor de que la fueran a rescatar estaba clavado en sus mentes. 

Todo podía pasar con una mujer “tan querida por los grandes narcotraficantes”, como la describen los investigadores. Y es que no iban en patrullas oficiales. No llevaban sirenas. Tampoco un operativo que llamara la atención para abrirse paso entre los automovilistas. “Íbamos muy tensos, pero tratamos de pasar desapercibidos. Nadie imaginaría que ahí, parados en el pleno segundo piso del periférico llevaríamos a La Reina del Pacífico”, platica el agente. 

Con su cara siempre en alto. Con su voz risueña. Y las manos entre las piernas, la mujer nacida hace 44 años en Tijuana platicaba de vez en vez con ellos. “Yo me quería salir de este tipo de vida, pero las cosas así se dieron y aquí estoy… Ni modo”. —¿Se arrepiente de lo que ha hecho? —le preguntó uno de los agentes. —No, yo he vivido de todo, hasta lo que no imaginas. Pero mi mamá y mi hijo, ellos sí me preocupan. Quienes más van a sufrir por esto (la detención) son ellos. —¿Ha vivido de todo? —La ficción puede superar a la realidad. 

La realidad se puede quedar corta a veces. Y así me sucedió. Durante el trayecto los agentes cambiaron dos veces de ruta. El tráfico no les permitía acelerar nunca a más de 40 kilómetros por hora. Habían pasado ya más de 20 minutos en el tráfico cuando la tijuanense comentó: “Oigan, ni siquiera me mostraron sus identificaciones. Ninguna orden, nada…” Fue lo primero que les dijo desde que la subieron a la unidad policiaca. Después fue cuando comenzó a platicar algunos momentos de su vida: “Aunque no lo crean yo me quise salir de este ambiente. Imaginen, me mataron bien chica a mi marido… Y después al otro”. Se refería al padre de su único hijo, el comandante de la Policía Judicial Federal, Luis Fuentes Jiménez, y al ex agente judicial Rodolfo López Amavizca. Ambos fueron sus parejas sentimentales y a los dos los asesinaron a balazos por relacionarse con el crimen organizado. 

El primero en 1992, cuando ella tenía 27 años de edad y seis de matrimonio. También habló del secuestro de su hijo. “Pero de eso no dijo mucho porque eran terribles recuerdos”. Pese a las historias que contaba Sandra Ávila “nunca perdió el porte, el glamour. Siempre buscaba demostrar que controlaba la situación”. —Préstame mi celular, para hacer una llamada —dijo en un instante. —Cuando lleguemos el ministerio público la dejará llamarle a su abogado —No, yo lo que quiero es avisarle a mi hijo y a mi mamá que estoy bien, que me están tratando bien, que no se preocupen cuando me vean en la tele… “Se notaba que no era cualquier delincuente. 

No era como todos. Siempre tranquila, siempre segura nos dijo que tenía siete abogados y que estaban en trámite sus amparos”, cuenta quien estaba junto a ella. —Esto es una injusticia, ya una vez me otorgaron uno (amparo) que demostraba que yo no tengo nada. —Pero ahora está detenida por una solicitud con fines de extradición. —A ver, quiero verla. 

Los agentes le mostraron la orden. En ella estaba su nombre: Sandra Ávila Beltrán. Y algunos de sus alias. Pero también había una lista de otras personas que ellos taparon. —Sí, es cierto, Ahí está mi nombre. ¿Quiénes son esos que no me deja ver? —Otras personas con quienes la relacionan —¿A mí? —preguntó sonriente, sin recibir respuesta alguna. Unos minutos después llegaron a las instalaciones de la PGR. La Reina del Pacífico bajó de la unidad. Estaba a unos pasos de ser fichada y después encarcelada.

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