TRUMP: EU SIN MEXICANOS; Dreamers: ¡no somos criminales!

¿Qué pasaría si Donald Trump cumple su amenaza y deporta a los millones de mexicanos que viven ilegalmente en los EU? Expertos creen que es poco probable que el magnate pueda cumplir su promesa de campaña contra los “mojados”.

¿Y qué pasaría si le cambiamos el nombre al sueño americano y le ponemos sueño latino?

Una mujer estadounidense se despierta, quiere abrazar a su marido y su mano se topa con el colchón de la cama. El hombre, un músico mexicano avecindado en Estados Unidos que encarnó el actor Eduardo Palomo, desaparece. Así le pasa a cientos de miles de mexicanos que se esfuman de California.

Los campesinos se desaparecen mientras manejan los tractores, las trabajadoras de los hogares no llegan a las casas donde las emplean y los jornaleros faltan a su faena en los campos estadounidenses.

Es como si la tierra se los hubiera tragado. Los noticiarios informan el hecho y nadie parece entender qué pasó. Se habla incluso de un acto terrorista. Pero no hay cadáveres. Un día desaparecieron y ya no hay quien pode el césped, quien barra ni pinte. Las calles se llenan de basura porque no hay quien la recoja.

Es la trama de la película Un día sin mexicanos (Sergio Arau, 2004) que nos muestra que no hay ficción que no tenga algo de realidad y viceversa. 

Con el cambio de gobierno en puerta en Estados Unidos, el presidente electo Donald Trump ha dicho que enviará a los migrantes de vuelta en una cifra de entre 2 y 3 millones en cuanto entre en funciones el 20 de enero

En ese país hay al menos 11 millones de inmigrantes. Es tan escándalosa la cifra de posibles deportados que suena más bien a una bravuconería de Trump, quien no tiene apoyo de las autoridades locales para cumplir su amenaza.

En Un día sin mexicanos se aprecia que la gran mayoría de los connacionales acude a EU en busca de un empleo. Las cifras comulgan con este precepto, pues los delitos indican que unos 100 mil migrantes de diferentes nacionalidades serían deportados al año por la comisión de un ilícito.

Si hay desayunos calientes en las mesas, ropa limpia, meseros, barrenderos y niños bien bañados en las casas de los estadounidenses en parte es porque hay un latino que hace ese trabajo. Y no es un criminal ni un violador, como acusa Trump.

¿Pero qué pasaría si los extranjeros que allá residen se dieran la vuelta? ¿Qué pasaría si en el sueño latino ellos se quedaran sin nosotros? ¿Qué haríamos sin las remesas? ¿Qué sería de ellos y nosotros?

Alerta: ‘Dreamers’ están bien ubicados

En todo el discurso sobre las deportaciones de Estados Unidos, la parte más agresiva es la amenaza de deportar a los jóvenes que estudian en Estados Unidos, los llamados “dreamers”, considera en entrevista la doctora Alejandra Castañeda.

“La única idea con la que estoy espantada es que se pueda deportar a los jóvenes ‘dreamers’ cuyos datos sí tiene el Estado americano, de dónde viven, quiénes son, porque ya se registraron con el 

Estado. Son el único grupo que está perfectamente ubicado”, explica la coordinadora del Observatorio de Legislación y Política Migratoria del Colegio de la Frontera Norte (Colef).

Las cifras oficiales de EU indican que en ese país hay al menos 2.1 millones de menores de edad que carecen de documentos, pero acuden a la escuela en ese país.

La captura de 3 millones de personas como plantea Donald Trump es, por decir lo menos, complicada, así que podrían incrementarse las deportaciones, pero no sería muy diferente a lo que se vive con la administración Barack Obama.

“Hay que tomar con mucha precaución el dato, porque en realidad, durante la administración Obama se deportaron más de 2 millones de personas. Eso ya nos sucedió, el país ya ha recibido, no de golpe, en ocho años probablemente casi los 2 millones de deportados”, afirma.

Los funcionarios federales de Estados Unidos tienen que contar con el apoyo de las policías y autoridades locales para hacer las deportaciones y encontrar a los migrantes indocumentados tras una falta de tránsito o una redada, que se dan en sitios en donde la policía sabe que se ocultan.

“Las maneras en que estos 2 millones que deportó Obama sucedió porque quería la cooperación de las policías locales a través de un programa que se llama Comunidad Segura. Esto permitía que fueran las policías locales las que fueran detectando con diferentes modos cómo las personas sin documentos entraban en contacto con la policía, ya fuera por una falta de tránsito o cualquier cosa, que detectaban que no tenía papeles”, afirma.

De acuerdo con la experta, en el caso de las deportaciones el escenario más devastador es cuando se separa a las familias. Los padres indocumentados son devueltos a México y los hijos nacidos en Estados Unidos se quedan de aquel lado de la frontera norte. Y eso ya sucede hoy en día.

“Trump hace una especie de demagogia y retórica, en la que dice ‘voy a deportar 2 ó 3 millones’ que ni siquiera sabe cuántos hay, no sabe qué número está hablando. Habla de criminales, cuando en realidad las personas que clasifica como criminales no lo son, son gente que faltó a la Ley de Migración”.

De acuerdo con la doctora Alejandra Castañeda, los extranjeros que cometen crímenes graves en Estados Unidos no llegan ni a las 100 mil personas cada año.

Ni allá, ni acá

Si es cierto que Estados Unidos no podría hacer una deportación de 3 millones de extranjeros, los demás países, como México, tampoco podrían recibirlos.

México ni siquiera puede crear los 800 mil nuevos empleos que requieren los 1.2 millones de jóvenes que se suman a la fuerza laboral al año, opina la perredista Alejandra Barrales. Ante las amenazas de Trump, gobiernos locales han buscado incentivar la creación de empleos en espera del regreso, pero cualquier intento sería insuficiente en el mediano plazo.

Los inmigrantes enviaron a México casi 25 mil millones de dólares en remesas en 2015.

En el lado mexicano, los líderes partidistas se han pronunciado por proteger la inversión de estadounidenses en México y viceversa, los diputados han solicitado que el Gobierno federal encabece una lucha más frontal para la defensa de los connacionales y la Cancillería estableció un número telefónico gratuito para que los mexicanos en Estados Unidos obtengan información o reporten cualquier incidente.

El Gobierno federal ha dicho que ha girado indicaciones para que los 50 consulados en el país del norte apoyen a los ciudadanos mexicanos. El gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, ha reconocido que su entidad -que tiene un millón de migrantes en Estados Unidos- carece de infraestructura para recibir a los migrantes que volverían de Estados Unidos.

En Estados Unidos se han reportado manifestaciones y protestas. En varias universidades de Estados Unidos, estudiantes han marchado para exigir a los directivos que protejan a estudiantes y empleados contra una acción en materia de inmigración.

En San Francisco, California, en las escuelas públicas se ofrece un “curso antiTrump” en el que se explica que es un hombre racista y sexista que se convirtió en presidente “halagando a una base electoral enormemente racista y sexista”.

Dreamers: ¡no somos criminales!

La cacería de inmigrantes en Estados Unidos parece haber comenzado con el triunfo del republicano Donald Trump, quien entre sus promesas de campaña se comprometió a deportar a los millones de indocumentados, incluidos los dreamers

No todos los inmigrantes tienen las mismas oportunidades y los dreamers, quienes parecían tener un futuro más claro en los Estados Unidos, penden de un hilo.

El Programa de Acción Diferida para Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) ha permitido desde 2012 a más de 700 mil jóvenes ilegales frenar su deportación obteniendo un número de seguro social, permisos de trabajo durante dos años y licencia de conducir. Ahora este programa parece esfumarse.

Las organizaciones como US-Mexico Foundation en Estados Unidos, apoyan a estos jóvenes ilegales para alcanzar una carrera profesional y una mejor calidad de vida, y suelen acercarlos a su cultura de origen.

“Como organización existe la incertidumbre de lo que sucederá con la situación de jóvenes ilegales y el programa DACA, sin embargo, creemos que existe una brecha de oportunidad para educar al presidente electo de Estados Unidos y así, contribuir a que él pueda tomar posturas más moderadas”, señala Rebeca Vargas, directora ejecutiva de US-Mexico Foundation.

Considera que la labor de la organización cobra más importancia que nunca, pues existen jóvenes ilegales mexicanos que han contribuido en gran medida a ese país y no merecen ser tratados como criminales.

“En los pasillos de la organización se han escuchado las voces de jóvenes indocumentados que tienen miedo y les preocupa su futuro, jóvenes que han perdido de nuevo la confianza en si mismos”, dice en entrevista Rebeca Vargas.

La directora ejecutiva de US-Mexico Foundation aclara que enseñan a los jóvenes que hay dos opciones ante la adversidad: levantar la cabeza o agacharla todavía más.

“Conozco jóvenes que han vivido aquí desde muy pequeños, que han contribuido con acciones positivas, que se han enlistado a las fuerzas armadas y que tienen un gran amor por los Estados Unidos, son ellos, quienes pueden empoderar a la comunidad y demostrarle al presidente electo de los Estados Unidos que se puede tomar mejores decisiones”, afirma la activista.

Los ‘dreamers’ no tienen mucho para sonreír, ya que independientemente de la eliminación del programa, Trump ha prometido durante su campaña encarcelar a los millones de inmigrantes con antecedentes criminales, entre los cuales entrarían algunos ‘soñadores’ al estar fichados por ser indocumentados. 

Medios como The Washington Post y el mandatario actual Barack Obama han pedido al republicano Donald Trump continuar con el programa DACA. 

El diario señaló que de retirar el programa, el presidente electo estaría entrando en un acto de ‘maldad gratuita’ que no le favorecería.

Por su parte Obama hizo referencia a defender a los jóvenes indocumentados que “como niños, han estudiado, han declarado juramento a la bandera y han servido en las Fuerzas Armadas”.

La espera es larga y la incertidumbre le acompaña.

‘Todos tenemos un sueño’

Jesús Íñiguez nació en la Ciudad de México, sus padres son de Michoacán, tiene 33 años y 31 viviendo en Estados Unidos, ahora está en California. No conoce México.


“Mi situación no ha sido fácil, me tocó vivir la deportación de mis padres, actos de racismo y la negación a diversas oportunidades”, recuerda con tristeza Jesús Íñiguez, quien pertenece a DACA y hace dos años encontró una mejor oportunidad laboral.

“Estudié en una universidad pública de California, logré una carrera en Sociología y otra en Estudios de Migración”, comenta el joven.

“Mi vida está aquí, mi familia, mis amigos, mis estudios, mi trabajo y mi novia, no conozco nada más”, confiesa.

Una parte de Javier se acostumbró a vivir con el racismo, sólo le preocupan sus padres y las personas que no saben defenderse.

“Lo que yo estoy viviendo es el sueño americano de mis padres. Cuando pienso en los jóvenes que 

desean aventurarse por el mismo sueño que ellos, sé que más bien será el de sus hijos”, dice este chico de 33 años de edad.

Comenta que sumado al racismo, los estadounidenses los han segregado en indocumentados buenos y malos, donde por errores que cualquiera puede cometer, ellos son condenados

“No somos criminales, somos inmigrates. No somos indocumentados, sólo tenemos documentos que pertenecen a otro país. No somos ilegales, ninguna persona nace siendo ilegal. Todos tenemos un sueño”.

De periodista a nada

Stephi Rodríguez es una mexicana de 26 años que comenzó una nueva vida en Estados Unidos. Es residente, pensó que las oportunidades al ser legal serían más.

“Cuando llegué a Kentucky por primera vez pensé que las oportunidades se me darían fácilmente, fuera de los actos de racismo, estaba empeñada en sobresalir dentro de esa sociedad, pero enseguida topé pared.

“Al sumergirme en la búsqueda de trabajo con un dominio del idioma, experiencia y un título profesional en mano, me di cuenta que mis estudios no valían. Me explicaban que nuestro nivel de educación como mexicanos era tan bajo, que mi título no podía ser válido y mi nivel de educación había quedado en un punto básico”, comenta Stephi.

La mujer de 26 años busca ahora revalidar su educación preparatoria, que, como residente, ya forma parte de un derecho, sin dejar de lado el precio elevado por hacerlo. 

“Los estados son independientes y tienen reglas propias, Kentucky no tiene las mismas oportunidades que California, por decir algo, allá las personas indocumentadas tienen la oportunidad de estudiar”, señala.

Las promesas del presidente electo, Donald Trump, le causan más que un temor una incertidumbre, sabe que está legal y prefiere esperar.

“Lucharé por mis derechos hasta donde pueda llegar, hay muchas cosas que ya no asustan”, expresa con seriedad Stephi Rodríguez.

De la nada a lo professional

Felipe tiene 29 años, llegó a Estados Unidos cuando tenía ocho y después de una larga travesía junto con sus padres logró nacionalizarse.

“Era rebelde, creía que tenía razón, me quise quedar aún cuando mi familia decidió regresar. Como ciudadano, tenía las mismas oportunidades, vivía en Illinois”, dice Felipe.

Felipe tenía dos nacionalidades, un dominio del idioma y una vida allá, siempre se preguntó ¿qué podía salir mal?

“No tuve oportunidad de crecer profesionalmente y laboralmente. Después de estar un largo tiempo decidí regresar a pesar de no estar tan animado”, refiere Felipe.

El joven de 29 años expresa que al llegar tuvo la suerte de ser recibido y apoyado por su familia, entonces, la motivación llegó sola.

“Todos esperan que les llegue el ‘sueño americano’ pisando bajo, estando marginados y sin más aspiraciones de avanzar. Yo no fui por un sueño precisamente, había formado parte de un plan familiar por mejorar. Representaba el sueño de mis padres. Yo sólo buscaba vivir”, comenta.

Al llegar a México comenzó una carrera en Relaciones Internacionales, se graduó, consiguió empleo y ahora estudia la maestría.

“Siempre agradeceré la oportunidad de regresar, sólo que yo también formé parte de mi solución y me construí oportunidades”, expresa con orgullo Felipe.

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