La entrevista con un sicario de Guerreros Unidos (III); "así como se los íbamos pasando, ¡tas!, les pegaban balazos"

En octubre de 2014 se sometió a una entrevista sicológica al sicario de Guerreros Unidos Jonathan Osorio Cortés, apodado El Jona. La entrevista fue videograbada. He dado a conocer una parte de su contenido en mis dos entregas anteriores.

En el video, de más de media hora, Osorio Cortés ofrece su versión de lo ocurrido en Iguala el 26 de septiembre de 2014, la noche en que desaparecieron 43 estudiantes de la normal rural “Isidro Burgos”. El Jona dice que los alumnos fueron llevados al basurero de Cocula y asesinados a golpes y a tiros.

“Yo comencé a bajarlos (de la camioneta) y conforme yo los iba bajando… así como se los íbamos pasando, ¡tas!, les pegaban (les preguntaban) ‘A ver, ¿no van a decir?’ y les pegaban balazos”, relató.

El Jona admitió el asesinato de tres de los alumnos, el de aquel que apodaban El Cochiloco, el de “un delgado medio orejoncillo güerillo”, y el de “otro gordo patilludo”.
Dijo que los sicarios estuvieron a punto de perdonarle la vida a un alumno que accedió a contar lo que sabía (la razón por la que los normalistas habían ido a Iguala esa noche), aunque al final “se decidió” su asesinato.

Continúo la transcripción del documento:
—Oiga , ¿hubo un conteo o alguien supo de qué cantidad de personas estamos hablando?
—Este… no. Pero a mi cálculo sí eran como 40, 40 chavos. Sí eran bastantes.
—¿De qué hora estamos hablando desde que los interceptan hasta que se los llevan hasta que empiezan a…?

—Nosotros ya íbamos en camino como a las ocho y media. Como a las nueve y cuarto los interceptamos. Ya llegamos al basurero ya pegándole diez y cuarto, diez veinte, sí se hace como una hora. Llegamos, y ya el desmadre que hicimos de hacer la plancha, ya se comenzó ahora sí que a quemar los cuerpos, ya los comenzaron a encender a eso de las doce y media, doce cuarenta.

—¿Y hasta ese momento todos estuvieron, incluyéndolo a usted?
—Este… sí. Pero ya los que se quedaron abajo son los que amontonaron los cuerpos. Pero para esto, yo, mi participación, bajé los cuerpos, se llevaron a entrevistar a El Cochiloco, lo regresaron, se le dio el tiro de gracia, ya se comenzó que muévanse, que vamos a hacer la plancha, y que de una vez. Y ya lo que es El Piercing, El Peluco, El Chereje y yo comenzamos a aventar los cuerpos desde la plataforma del basurero a la parte baja, los aventábamos columpiándolos y ya ellos rodaban y se llegaban hasta abajo.

—Propiamente al basurero, me dice usted. Donde tira el camión la basura…
—Ajá. Y ya de ahí, pues ya nosotros acabando de aventarlos nos pusimos a “halconear”, pero como vimos que ya era tarde, más de medianoche, ya pegándole casi las doce quince, nos bajamos a ayudarles a arrimarlos nomás a la plancha, entonces yo arrimaba los cuerpos, ya nomás eran como diez cuerpos los que faltaban para quemar, entonces yo se los arrimaba y los chavos los aventaban.

Entonces en eso que llega El Pato con el diesel, con la gasolina y El Paja; se baja El Paja, El Pato se queda y se va a buscar señal para estar checando a los halcones y ya yo y El Piercing nos subimos arriba, y abajo se quedó El Peluco, Paja, Duva y (inaudible) pero ya no participó, cuando llegó ya nomás faltaban diez cuerpos por amontonar.

Ya pues El Paja y El Duva comenzaron a echarle gasolina y dísel, y ya uno se puso en una orilla y otro en otra, se les prendió para que prendiera parejo, y ya el fuego duró aproximadamente unas seis, siete horas sin que le metieran mano, como estaba ahora sí que la flama alta no era necesario que le metieran mano.

Para esto amaneció, se retiró El Piercing, se retiró El Chereje, se retiró quién más, se retiraron varios. La cosa es que quedamos El Peluco, El Bimbo, El Duva, yo, El Primo, que se puso a cortar leña (inaudible) aproximadamente de las nueve hasta medio día, los cuáles los únicos que estaban atizándole eran El Peluco y El Duva.

—¿Por qué se fueron unos y otros se quedaron, incluyéndolo a usted?
—Porque ahora sí que la mayor parte ya se había hecho.
—¿Alguien dio la orden de que ‘ustedes se quedan hasta que se acabe esto y ustedes…’?
—Sí, El Cepillo, porque llegó como a mediodía en la Nissan y nos preguntó que si se habían mandado los chavos a descansar. “No, pues sí. Ya La Rana los llevó en la Nissancita”. Éste, cuando regresó, fue con El Pato y regresaron. Yo me quedé con El Primo, El Bimbo, El Peluco, El Duva y yo ahí… El Duva y El Peluco atizándole allá abajo, yo y El Bimbo durmiendo, y El Primo cortando leña.

Y ya, como a mediodía, pasando mediodía, llegó una Nissan verde con el chofer, se llamaba Jaime, le dicen Narizón, y con El Terco. Llegó con un cartón de cerveza que porque ya habíamos chambeado, y así, para que nos chingáramos una. Y sí, la orden fue aticénle, aviéntenle harta leña, y pues ahí que se quede.

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