EL "ESTADO de IMPUNIDAD",CUATRO MALANDROS MENOS o UN CUADRUPLE ASESINO LIBRE ?

Hay que dejarlo claro desde el principio: uno de los dos mayores problemas del país (el otro es la corrupción) es la impunidad que disfrutan quienes violan la ley. Y violan la ley quienes no se ajustan a su mandato: los que la transgreden (los delincuentes) y los que no cumplen (las autoridades) con aplicarla.

La impunidad, lo saben los mexicanos, lo viven, provoca mayor impunidad, mayor corrupción y mayores violaciones a la ley.

La impunidad promete y cumple a los delincuentes que no les pasará nada. Y, en ocasiones, al contrario, los convertirá en héroes o, al menos, poderosos en lo económico o en lo político. No pasa nada.

En México, el hartazgo de la mayoría de los ciudadanos ante la impunidad y sus consecuencias es más que notable, agravado por otros factores que tienen que ver con la economía, la política, la insatisfacción de necesidades sociales y personales.

La impunidad, en México y en el mundo, tiene un origen: la inacción, la ineficacia, la corrupción de las autoridades (el gobierno) para cumplir y hacer cumplir la ley (eso que está en un juramento que rimbombantemente hacen al asumir un cargo público) que repetido continuamente provoca un hartazgo social. Y, entonces, llegan aquellos que hacen justicia por propia mano. Los justicieros o vengadores anónimos; aquellos que toman venganza anónima ante los agravios que sufren sin que sean sancionados por la autoridad correspondiente.

Hay que recordar que la obligación básica de un Estado es la protección de la vida y los bienes de los habitantes que lo forman, así como hay que recordar que los ciudadanos son miembros componentes de ese ente que llaman Estado (no confundir con el gobierno, es otro de los integrantes).

No es novedosa la existencia de los justicieros anónimos, tanto que todos los códigos, las leyes, desde que el mundo es mundo, reconocen y condenan la justicia por mano propia, porque la justicia debe administrarse por el Estado. Tanto que hay hechos reales y de ficción que se han vuelto paradigmáticos y muy populares, que en su mayoría tienen que ver con hechos de opresión colectivos.

Son “los bandidos buenos”: Fuenteovejuna obra teatral del gran Lope de Vega de 1613 en nuestra tradición; Robin Hood (cuya leyenda se remonta al año 1300 en los bosques de Sherwood) en la inglesa; Chucho el Roto (nacido Jesús Arriaga en 1858 y muerto en 1894) en la mexicana; El vengador anónimo (Death Wish, película de 1974), interpretado por Charles Bronson en la cinematográfica, por citar algunos.

Todos ellos fueron y serán héroes populares, porque lucharon contra la opresión y la injusticia, contra la ineficiencia y la ineficacia de quienes tienen la obligación de aplicar la ley, es decir contra la impunidad. Sin embargo, sus acciones siempre fueron y serán contra la ley, fueron y son parte de la impunidad que dicen combatir.

A esto se enfrentan los mexicanos con los cuatro asesinatos ocurridos en la carretera México-Toluca, a la altura del parque de La Marquesa, en días recientes.

En las redes sociales, el justiciero anónimo de La Marquesa ha cosechado el apoyo de muchos ciudadanos, hartos de la impunidad, hartos de la inacción de las autoridades encargadas de impartir justicia. No es ni será la primera vez. Y mucho menos en el territorio del Estado de México, donde ha habido muchos de estos justicieros, así como diversos linchamientos de presuntos delincuentes. Los hay en otros lugares del país: hay que recordar el caso en Puebla, donde dos encuestadores que intentaban cumplir con su trabajo fueron linchados y muertos al ser “confundidos” con secuestradores de niños.

Que por la ineficiencia y corrupción de las autoridades correspondientes se expliquen estos actos de hartazgo y desesperación, correcto; que se justifiquen y no se persigan y no se castiguen, es inadmisible. Los justicieros anónimos sólo aumentan la impunidad.

Eso en México está suficientemente comprobado. ¿Ya se olvidó el desastre del reciente caso de las autodefensas en Michoacán y las policías comunitarias en Guerrero? En su momento esas formas de “justicia” recibieron el apoyo de muchos ciudadanos indignados.
Por lo demás, los casos de los justicieros anónimos son un verdadero apoyo para la inacción y corrupción de las autoridades correspondientes, que tienen, como en el caso de La Marquesa, el pretexto perfecto para seguir en su ineficacia, tanto que les merece la mayor atención. De inmediato han salido a declarar a reconstruir lo hechos, a pedir el auxilio de la población para que denuncien a este vengador… ¿De veras? ¿Cuándo han salido a declarar con tanta prestancia por los más de 20 asesinatos de mujeres en Naucalpan? No, éstos no permiten la manipulación. Peor: muchos crímenes se comenzarán a resolver con la “teoría” del justiciero anónimo o con el fácil expediente de que los muertos eran presuntos delincuentes.

Es probable, como se afirma en las redes sociales, que hoy haya “cuatro malandros menos”, también hay, con toda certeza, un cuádruple asesino impune, quien es ya parte del, llamémosle así, Estado de impunidad.

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