!!! ASI se JODIO GUERRERO !!! ¡Quién lo habría imaginado! El paraíso convertido en infierno

Cuando los hermanos Beltrán Leyva tenían bajo control a Acapulco con la venta de drogas, las extorsiones, los secuestros, etc., no permitían que ninguna otra banda se metiera en su territorio. Simplemente los mataban. Los desaparecían. No había negociación ni pactos con ellos. Eran los Beltrán y nadie más.

Controlaban todo el corredor, desde el puerto hasta Cuernavaca.

Sin embargo, cuando en diciembre de 2009, en un operativo maestro por tierra y aire comandado por la Marina en Cuernavaca, Arturo Beltrán Leyva, alias El Barbas o el Jefe de jefes, falleció, las cosas en Acapulco comenzaron a descomponerse.

Lo cuenta el periodista acapulqueño Rolando Aguilar, voz confiable:

Tras la muerte de Arturo, los Beltrán Leyva se debilitaron y entonces comenzaron a surgir pequeñas bandas que comenzaron a pelear por el control de Acapulco. Pandillas, literalmente, que siguen actuando por su cuenta y que generan la violencia que hoy enfrentamos. Sí, hay tres o cuatro grupos fuertes en la zona, pero también infinidad de pandillas que trafican y matan. Están fuera de control. “Es como si fuera una guerra de guerrillas…”.

Y esa “guerra de guerrillas” que define Aguilar, presenta a Acapulco como un punto sumamente peligroso y sangriento en el mapa nacional y mundial: es la ciudad más violenta de México y se ubica entre las diez más peligrosas en todo el mundo. (Fuente: Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal).

Tras la atomización del Cártel de los Beltrán Leyva, entraron a Acapulco en disputa el Cártel Jalisco Nueva Generación, el de Sinaloa, y surgió el denominado Cártel Independiente de Acapulco.

¡Quién lo habría imaginado! El paraíso convertido en infierno.

Acapulco registra, en promedio, 104.73 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, muy cercano a la ciudad más violenta del orbe; Caracas, con 119.85 homicidios. Ya están muy próximos. A casi nada de convertirse el puerto mexicano en el sitio más inseguro del mundo.

Una lástima.

¿Por qué Acapulco? ¿Por qué es un botín tan atractivo y redituable para la criminalidad?
Porque es un mercado muy grande y millonario para la distribución, venta y consumo de drogas debido, en gran parte, al turismo internacional, por encima de los consumidores locales. Son dólares. Son euros. Son ríos de dinero que corren a diario, a cualquier hora y lugar, por todos los rincones acapulqueños. Justo por aquellos lugares que algún día fueron sitios seguros para familias llegadas de otras ciudades.

Dentro del puerto, la zona de Playa Condesa es el principal corredor de venta de drogas. Un kilómetro de paraíso artificial. Allí encuentras de todo: cocaína, mariguana, éxtasis, piedras de coca, anfetaminas, cristal. Lo que ordene el cliente, ya sea sobre las calles con vendedores fácilmente identificables, en bares, discos, antros. Donde sea y a la hora que sea.

Acapulco drugs.

(Extracto del libro El derrumbe. Martín Moreno. Edit. Random House/Aguilar. Cap. Los muertos de Peña Nieto)

El fin de semana pasado, treinta personas fueron ejecutadas en Guerrero. Cada ciento veinte minutos hubo una persona asesinada. Es la masacre de nuestros días que no cesa. Imparable. Brutal.

A estas alturas, el gobierno de Peña Nieto ya dejó a un lado el ataque frontal en contra del crimen organizado. Claudicó. ¿Por qué lo advertimos?

La táctica del gobierno federal de excluir del discurso oficialista el tema de la violencia – en un lance de torpeza monumental-, hoy comienza a pudrirse y, en consecuencia, a generar lo que irremediablemente llegó: el empoderamiento de cárteles de la droga y la violencia desenfrenada que mantiene a Acapulco bajo fuego y como emblema del fracaso de la estrategia de seguridad – por llamarla de alguna manera- de la administración peñista, retratada en una cifra más que alarmante: durante el gobierno de Peña Nieto, ya se rebasan los 90 mil homicidios dolosos, según cifras del propio Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y de las Procuradurías de Justicia estatales, recopiladas por SinEmbargoMX y el Semanario Zeta.

El fracaso del gobierno en materia de seguridad tiene rostro y nombre: Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación. El hidalguense quiso convertir a Guerrero en su plataforma principal que lo impulsara a la candidatura del PRI a la Presidencia, pero falló. No sólo recurrió a la verborrea irresponsable para intentar, en vano, dar la percepción de que la entidad estaba bajo el control del gobierno – “el gobierno está presente en Guerrero y va a proteger a cada uno de los rincones del estado”…“no hay una varita mágica para combatir la inseguridad”-, sino que, además, cayó en una indolencia operativa – el dejar hacer, dejar pasar- cuidando más su imagen personal por intereses sucesorios, que la propia tranquilidad de los guerrerenses, abandonando a su suerte al estado. ¿El resultado? Hoy tenemos un Guerrero más violento y fuera de control, con Osorio nadando de a muertito. El fracaso, pues.

El gobernador Héctor Astudillo (PRI), heredero del desastre dejado por Ángel Aguirre, sigue cometiendo los mismos errores que su antecesor y por ese motivo, Guerrero continúa hundido en la violencia: apostarle todo a las fuerzas federales, claudicando en su responsabilidad constitucional, principalmente, en la lucha frontal contra los criminales en los municipios más violentos y controlados por los cárteles, como Iguala. Astudillo se encierra en Palacio de Gobierno en Chilpancingo y solamente va a Acapulco de pisa y corre. Hace bien. No lo vaya a alcanzar una bala.

Hoy por hoy, Guerrero es un estado controlado por el crimen organizado y que mantiene bajo el terror a sus habitantes.

Guerrero es el emblema del fracaso del gobierno peñista en cuanto a seguridad.

Guerrero, desde el sexenio de Calderón, comenzó a joderse. Y nadie movió un dedo.

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