“Acaben con ellos”, ordenó a sus Sicarios "El Ingeniero" para acabar con el convoy de "El Teo"

En agosto de 2006 la detención del último de los hermanos Arellano Félix —Francisco Javier, El Tigrillo—, provocó un reacomodo en la estructura del Cártel de Tijuana. Al frente de la organización quedó un sobrino de los líderes históricos: Eduardo Sánchez Arellano, alias El Ingeniero.

—El desmembramiento del grupo provocó una pugna por el control de la plaza —dice el delegado de la PGR, Martín Rubio Millán.

El control de la plaza no significa sólo tener un corredor para el trasiego de drogas. El cártel controla también el tráfico de personas, los secuestros, la venta de autos robados, los asaltos de alto impacto, las máquinas tragamonedas, las apuestas, la prostitución, el juego clandestino y la “piratería”.

Un antiguo sicario de los Arellano, Teodoro García Simental, conocido como El Teo o El Tres Letras, ocupó la dirección de una de las células más violentas. El poder que acumuló en poco tiempo le permitió violar de modo sistemático las reglas impuestas por El Ingeniero: se limitaba a enviar su cuota al líder del cártel, pero “llegó el momento en que ya ni el teléfono le contestaba”.

El 25 de abril de 2007 El Tres Letras fue llamado a cuentas. Eduardo Sánchez Arellano le exigió una reunión para discutir los secuestros “no autorizados” que su grupo estaba cometiendo. Según una investigación del semanario Zeta, esa noche los teléfonos de la policía comenzaron a sonar para advertir a los agentes que se mantuvieran lejos de la calle “porque el asunto entre ellos se va a poner feo”. Los gatilleros de ambos grupos fueron requeridos por radio. “Vamos a escoltar a un jefe”, les dijeron. Era viernes y la mayor parte de los sicarios (algunos de ellos, policías municipales y ministeriales) estaban “enfiestados”.

La cita fue concertada en la madrugada, en el paseo conocido como el Guaycura. 22 vehículos con hombres armados hasta los dientes, y drogados a morir, llegaron hasta ese sitio. La policía había desaparecido de las calles. No sólo la municipal: también “se habían abierto de la zona” las patrullas de las policías federal y estatal.

El Ingeniero envió como avanzada a su lugarteniente, El 7-7. Éste le informó por radio que El Teo no se había presentado. En los autos sólo había personajes de segunda línea: “puros claves R”, que dijeron que tenían la orden de recibir el recado. “Acaben con ellos”, ordenó Sánchez Arellano. El 7-7 le disparó en la cara a Alfredo Delgadillo Solís, conocido como La Máquina. Se desató una cruenta balacera que dejó 15 muertos (entre ellos El 7-7) y 22 heridos. Más de mil 500 cartuchos fueron percutidos. La guerra que se decretó esa noche dejó 337 muertos en 2007 y 880 en 2008.

—Existen indicios de que Teodoro García Simental se había cobijado en el Cártel de Sinaloa, una organización que encontró en esta pugna la oportunidad de infiltrarse en Tijuana —afirma el delegado Rubio Millán.

El resultado: una estela de decapitados, encobijados, estrangulados y acribillados, que en ese tiempo convirtió a Tijuana en la tercera ciudad con mayor número de ejecuciones, luego de Culiacán y Ciudad Juárez.

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