Una noche con la PEP en la Zona Norte , lugar utilizado para decapitar o desmembrar a rivales de los cárteles de la droga

La Zona Norte es el área con mayor número de delitos en la ciudad. Ahí, ni juntando todos los robos simples en la vía pública en lo que va del año alcanzan la incidencia de los homicidios y las lesiones dolosas. La PGJE documentó más de 700 delitos violentos en lo que va del Gobierno del Estado.

 ZETA sube a unidad para cumplir con el turno de noche junto con agentes estatales, entre pasadizos de droga, niños en la calle, adictos y prostitutas

A 500 metros de la Estación de Policía en la Zona Norte, hace unas semanas Tijuana despertó con el hallazgo de una cabeza cercenada. Había sido abandonada sobre Avenida Internacional, frente al muro fronterizo resguardado por agentes de Migración de Estados Unidos.

La extremidad estaba envuelta en una cobija de cuadros roja. La víctima: un hombre de aproximadamente 35 años, barba de candado y pelo corto. Su expresión de espanto quedó marcada en lo único que se encontró de su cuerpo.

Versiones extraoficiales aseguran que el homicidio se cometió por él pertenecer a un grupo contrario a “Los Monos”, una de las bandas que pelean la distribución y el control de la droga en la Zona Centro de la ciudad.

 A raíz de éste y otros eventos, los investigadores ministeriales saben que en la Zona Norte existe un predio que es utilizado para decapitar o desmembrar a rivales de los cárteles de la droga. Sospechan que en ese mismo lugar se han enterrado los restos de las víctimas que solo han desaparecido, que son encontrados por sus cabezas arrojadas o abandonadas al filo de las calles.

Por ejemplo, en marzo, cuando sobre la misma Avenida Internacional, pero cerca de la entrada a Playas de Tijuana, dejaron dentro de una hielera la cabeza humana de un joven de 17 años.

A unos metros, pero casi un año antes, en mayo de 2015, otras dos cabezas humanas fueron arrojadas aparentemente desde un vehículo en movimiento sobre la misma vialidad. El terror de la escena quedó asfixiado por el plástico de una bolsa blanca y otra negra donde fueron puestos.


Las zonas Norte y Centro de Tijuana son demarcaciones divididas geográficamente, pero esencialmente las mismas, comparten los mismos problemas, las organizaciones criminales, distribución de drogas y muertes.: 125 asesinatos calificados violentos de 2012 a agosto de 2016, en las mismas calles.

El viernes 7 de octubre, por lo menos seis grupos de la Policía Estatal Preventiva (PEP) patrullaron con el fin de localizar vendedores de drogas y criminales del primer cuadro de Tijuana. ZETA sube a unidad para cumplir con el turno de noche junto con los agentes estatales.

Tan solo en la Zona Centro y Zona Norte, hasta agosto pasado la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) había iniciado mil 164 expedientes por diversos delitos. El más común es el “homicidio calificado violento”, seguido por las lesiones dolosas.

En la Zona Centro, la más conflictiva de la ciudad, ni el robo de vehículo o a casa habitación se comparan con los 136 delitos violentos antes mencionados.

Es más, ni juntando todos los robos simples en la vía pública (64 delitos) que se registraron en los primeros ocho meses del año, alcanzan la incidencia de los homicidios y las lesiones dolosas. De 2012 a agosto de 2016, la PGJE se enteró y documentó 2 mil 589 delitos.

La Zona Centro encabeza la primera colonia con mayor número de delitos en Tijuana, su vecina, la Zona Norte, se sitúa en el top 10 de más de 200 colonias (ocupa el lugar 7) de mayor incidencia delictiva, y donde la PEP ha concentrado sus fuerzas en los últimos días.




Marcas de muerte por dondequiera

Ya oscurece. Después de patrullar durante más de una hora, los grupos policiacos se concentran por casualidad frente a las oficinas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobierna el municipio y la Presidencia de la República. Justo allí, ni un metro más ni uno menos, hace un mes, abandonaron el cadáver de una mujer narcomenudista en un carrito de supermercado.

A simple vista, el cuerpo de la occisa, de aproximadamente 45 años, fue golpeado en la cara, su nariz lucía destrozada. Se le encontró un martes antes de mediodía. Apuntes de los investigadores ministeriales describieron sus señas particulares: “Tatuaje con la leyenda ‘Flaca Cárdenas’, ‘Sur 13’ en hombro derecho, tatuaje con la leyenda ‘Rosa’ en muñeca izquierda, tatuaje con la leyenda ‘Chupón’, tatuaje con la leyenda ‘Zombie’ en pierna derecha y la figura de Santa Muerte en espalda”.

Quizá el mensaje a un hijo o a un viejo amor, sobrevivió al homicidio, de igual forma en un tatuaje: “Fabián vives en mi corazón por siempre” en pierna izquierda. Al momento de su muerte, la mujer llevaba un vestido negro con estampados de flores color gris, chamarra negra y ropa interior del mismo color.

Fue asfixiada con una bolsa de plástico blanca puesta en su cara con un nudo detrás y un cinturón apretándole el cuello. Se le metió semidesnuda en una bolsa negra para basura, envuelta en un cobertor rojo con negro. Es tan solo una de tantas escenas de barbarie en la zona turística de la ciudad.

Los asesinos dejaron en el mismo carrito una cartulina blanca, amenazando: “ESTO LES VA A PASAR A TODA LA GENTE MUGROSA. MANGUERAS. Y TRABAJADORES QUE ANDEN CON SU TURBO. ATT “LA CAFETERA”. Las áreas de inteligencia de las corporaciones en el Estado tienen identificado a Leonardo Peña Peralta “El Turbo” como asesino a sueldo entre 2007 y 2011. Y a partir de 2011, los investigadores lo ubicaron en el Cártel de Sinaloa traficando en la Zona Norte.

El día del hallazgo de la mujer, los policías se reagruparon en el lugar, pero durante el operativo, las unidades cruzaron prácticamente por cada punto donde se han cometido los mil 208 delitos entre homicidios calificados violentos y lesiones dolosas en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto (diciembre de 2012 a agosto de 2016).



A cierta hora, antes de oscurecer, decenas de policías estatales se reúnen en la base de operaciones ubicada en Zona Río. El coordinador operativo da instrucciones y se rompen filas. Cada grupo con rifles automáticos y un arma corta, suben a sus unidades.

En esta ocasión se hace uso del “Tiburón”, un tanque especial blindado capaz de resistir disparos o explosivos. Todas las unidades se concentran en las zonas Centro y Norte, el corazón de Tijuana.

El paisaje está amenizado con un olor a alcantarilla, con niños jugando por las calles como si no existiera las palabras padres o noche, de pepenadores nadando en montañas de basura, de adictos que aceleran su paso a la vista de los policías, de prostitutas y de cientos de migrantes haitianos y africanos que deambulan por el área.

Luego de reagruparse frente al edificio del partido político en el poder, se planea intervenir en callejones donde los grupos de inteligencia ubican un mayor movimiento de droga.


Quien va al mando del operativo es acompañado por ZETA. Mediante claves policiacas da las indicaciones por radio: un grupo de la corporación ingresa a pie tierra por una cuadra antes, es un pasillo apenas de un metro y medio que conecta callejones sucios y oscuros.

La unidad del mando transita a velocidad en sentido contrario para cerrar el paso. No hay mucho tiempo, el otro grupo ya ingresó por un extremo y algunos hombres y mujeres intentaron salir justo a tiempo. Hay detenidos.

Otros ingresan a casas o cuarterías con maderas que simulan puertas. Edificios abandonados. Se detienen a varios consumidores. Otros se esconden tras las puertas de departamentos donde no se ingresa para generar un allanamiento de morada.

El recorrido simula un pequeño laberinto donde las lámparas son el único reflejo. Las pisadas de las botas tácticas son el único ruido y la frecuencia policiaca, la única conexión con la Ley. Adultos mayores se asoman por, más que ventanas, agujeros de vecindades. Tras largos minutos el pasadizo está barrido. Pocos perros ladran ante el retiro policiaco.



Asaltados, hombre armado, cocaína y un cargamento de marihuana

Los grupos de estatales se reagrupan de nuevo ya de noche en Calle Tercera, a un lado del Parque Teniente Guerrero. El siguiente operativo es atender un reporte ciudadano. Por la frecuencia se indica que se trata de un edificio abandonado, el cual es usado como centro de venta y distribución de drogas. Alertan que dentro hay un hombre armado.



Los agentes se preparan y esperan la llegada del jefe operativo. Pero en ese momento, al radio llega el anuncio que detrás del Costco en La Mesa, un tráiler descarga cuadros con marihuana. Las sirenas y estrobos alertan a todos.

A alta velocidad se toma la Vía Rápida. En el trayecto, la central explica que al reporte, la Policía Municipal llegó primero, pero que al arribo de las primeras unidades de la Estatal, simplemente se fueron.

En la calle Laguna Salada se localiza el tráiler detenido a mitad de la calle. El chofer dice venir de Colima y transportar únicamente plátanos. Una lluvia de preguntas y una revisión por parte de un policía canino (K-9). Nada. No drogas. Simplemente cajas blancas llenas de frutas.

De vuelta a la Zona Centro se ingresa sorpresivamente al edificio abandonado. Los policías no dejan encendidas sus lámparas en la oscuridad para no delatar su ubicación. Solo un par de segundos y mueven su posición. Es una técnica, explican.

El lugar se barre pero uno escapa. Según algunos testigos estaba armado. Horas después una mujer reporta a un hombre escondido en una casa abandonada desde hace tiempo. Era el mismo que se había dado a la fuga. Ya sin armas, sin drogas y sin orden de aprehensión. La base de datos de la Policía lo ubica como víctima de un ataque armado en el mes de abril, donde uno de sus acompañantes resultó asesinado.

“La Coahuila”, prostitutas y desnudos 

El operativo en la Zona Centro sigue. Al llegar al Callejón Coahuila, donde se concentra el mayor número de prostitutas, hay una unidad de la Policía Municipal con dos señalamientos anaranjados y un listón de peligro, atravesado, impidiendo el paso.

Uno de los agentes estatales pregunta: “Pareja, ¿está cerrado?”. Sin mediar palabras el oficial sube a su unidad y sin más se va. Entonces los de la PEP sospechan del municipal y recorren el pasillo de las “paraditas”. Una patrulla se queda en una esquina y un par al final de “La Coahuila”, en espera de algún movimiento. Revisan a hombres en carros sospechosos. El logro, refiere uno de los policías, es que con su presencia se inhiben los crímenes.

Ahí pasan tanto migrantes haitianos como turistas estadounidenses. Una mujer fuera de sus facultades mentales y completamente desnuda baila en medio de la banqueta, las prostitutas jalan de la mano a manera de invitación de sus servicios a los uniformados cargando sus armas largas; un carro de elotes transitando no es lo único raro en esa calle.

De vuelta al patrullaje, es común que los residentes de la Zona Norte le hagan señas a los policías por asaltos, agresiones, puntos de venta de droga: una mujer reclama el robo de su celular por dos hombres tatuados de la cara.

Justo en la convergencia de Calle Segunda y Negrete, en el semáforo se acerca un hombre que pide al conductor de la patrulla bajar su ventana. De inmediato y un poco exaltado comienza: “Mire, hace un minuto un ‘chalino’ me ofreció ‘coca’, traía así (simula un paquete con sus manos) y me dijo que está apalabrado con la Policía Estatal, que a él no le hacía nada”.

Los estatales le piden su nombre. Él responde hasta con apellidos y número de teléfono celular: “Yo soy hijo de un teniente, soy militante del PAN y si (el gobernador) Kiko Vega escuchara lo que ése me acaba de decir…”. El hombre se dice indignado por la supuesta complicidad del desconocido y la corporación estatal.

“Siguió caminando, trae camisa de chalino, botas, tejana y mucha cocaína”, sugiere sobre el sospechoso. La patrulla sigue las instrucciones del denunciante. Dobla hacia Avenida Revolución y al primer hombre con esas características le revisan hasta los calcetines. Conforme la patrulla se acerca a Las Pulgas para encontrar al “chalino con cocaína”, entre tantos sombrerudos, se esfuma la posibilidad en una noche más en la zona más conflictiva de Tijuana.

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