Tamaulipas: el infierno olvidado; te secuestran aunque pagues derecho de piso

Sin apoyo alguno de la autoridad, María Icela encontró en un paraje de Reynosa fragmentos humanos, que pueden pertenecer a su hijo ejecutado.

Hace apenas unos cuatro años, María Icela Valdez era una pujante pequeño empresaria en Reynosa, Tamaulipas, dedicada al negocio restaurantero; había muchos comensales de Estados Unidos que dejaban ganancias decentes, generaban empleos y pagaban impuestos. Todo marchaba relativamente bien hasta que hace dos años Los Metros, escisión del Cártel del Golfo, llegaron a cobrarle derecho de piso, primero unos miles, luego más y más hasta llegar a veinte, treinta mil al mes, que María Icela sacaba con gran esfuerzo, realmente todo se iba para el narco.

Además del derecho de piso, a "Los Metros" había que pagarles el agua y la luz, por ejemplo, aunque el recibo de la CFE llegara de doscientos pesos el Cártel cobraba unos cinco mil, no hacerlo equivalía a perder algo más que el servicio de electricidad, podía llevar a un infierno.

Roberto, el hijo de María Icela, fue secuestrado sin importar que la señora pagaba puntualmente su derecho de piso, le pidieron cinco millones de pesos de los que solo pudo juntar un millón ochocientos mil, lo liberaron a cambio de que retirara cualquier denuncia pero al poco tiempo lo volvieron a secuestrar para pedirle tres millones más, endeudada, la señora pudo apenas juntar trescientos mil y volvieron a liberarlo, en el tercer secuestro ya no hubo tanta suerte.

María Icela y Roberto llegaron un día a la casa de Abril, ex pareja de Roberto, y fueron víctimas de una emboscada, la joven los había entregado a "Los Metros", a punta de rifle los subieron a una camioneta, los llevaron a un rancho y los separaron, ambos fueron brutalmente golpeados y torturados, María Icela oía cómo lloraba su hijo sin poder hacer nada, impotente, presa del pánico, sin esperanza alguna; a María Icela le volaron los dientes a golpes y le lastimaron de por vida una pierna.

Después de cuarenta días "Los Metros" accedieron a liberar a la señora para que consiguiera dinero por la vida de su hijo, una misión imposible, la aventaron en una carretera en Reynosa dejándola a su suerte, un chofer de tráiler la llevó al centro y de ahí otro más la pudo trasladar a la Ciudad de México, donde le negaron atención médica en el Hospital de Xoco y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas la trató con la punta del pie, todavía hoy le deben once mil pesos de apoyo que, aunque ha ganado en tribunales, se niegan a pagarle.

María Icela supo que habían ejecutado a su hijo y que sus restos podrían estar en un paraje de Reynosa donde hace poco fueron hallados fragmentos humanos, ella los encontró, como ha encontrado, sin apoyo alguno de la autoridad, una cantidad enorme de cuerpos no identificados echados en fosas comunes con la intención de disminuir las estadísticas de desaparecidos, como ha encontrado testimonios, fotografías y pruebas que podrían poner tras las rejas a los responsables de su infierno.

María Icela es una voz, una sola, de los centenares de casos similares en Tamaulipas.

DE COLOFÓN.

 Todo empieza por la extorsión, muy similar a la que sufren negocios en la CDMX.

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