Puchadores, paraíso y muerte en Mazatlán: la lucha del Cártel de Sinaloa vs Cártel de los Beltrán Leyva por el mercado

Mazatlán, Sin.-Uno entiende el gran mercado pujante y descarado que es el de las drogas cuando abres la puerta de cualquier baño de cualquier antro mazatleco, y lo primero que te apunta con un puño de paquetitos bien cerrados, con diminutos granos color blanquecino, es un joven que te dice que el paraíso está en sus manos…

“De la lavada, jefe, 100 y 200 pesos, garantizada…”

“Perico, perico, ¿quieres perico?”

Uno también entiende que no hay que verlos a la cara por mucho tiempo, pero si los ve, descubre que llevan los ojos irritados, y que suelen pelearse de forma soterrada a los clientes.

Desde lejos se le ve el desespero por acomodar la mercancía que también llevan en una mariconera, y que ofrecen a todos de una manera democrática, directa, y sin rodeos, como si fueran chicles para el aliento o pastillas para soportar el torrente de whisky que en las mesas y en la pista de baile remoja los paladares y entumece el cansancio.

Los clientes del antro –puede ser cualquiera-, entran y salen de los mingitorios. Ahora mismo puede ser el Maracuyá sobre el Malecón o el Oyster del hotel Ramada.

El modus operandis es el mismo. Entrada del baño, la oferta al alcance de la mano, esas bolsitas de celofán que te harán despertar, soñar o enloquecer, todo depende de las dosis del usuario.

Afuera, por lo regular la fiesta nunca se detiene, entre cuerpos sudorosos que invitan al cortejo femenino que mueven manos y piernas al ritmo articular de la música electrónica que ofrece el diyei.

Llega la muerte

Pero mientras bailamos y corre el alcohol y la droga como un surtidor sexual, en las calles del puerto se libra una guerra por el control de este mercado, que llaman narcomenudeo, y que según las autoridades suele ser “la caja chica” del crimen organizado.

En la mayoría de los antros, los grupos criminales han instalado a uno o dos vendedores de drogas, sin que muchas veces los dueños puedan evitarlo debido a las amenazas o simplemente al miedo.

Y no hay nada más que hacer, salvo que el establecimiento no contraiga problemas con las autoridades que, por cierto, toleran estas formas de narcomenudeo a cambio de sus cuotas, tan necesarias para completar el círculo de corrupción.

Como se sabe, el mercado de los narcóticos se conquista a sangre y fuego. Según diversas fuentes de seguridad, por ahora es el cártel de Sinaloa el que controla toda la franja del puerto.

La Procuraduría General de Justicia del Estado ya estableció que el pleito es entre las células de los Beltrán Leyva y los de Sinaloa, principalmente contra la facción de los hijos del Chapo Guzmán.

Desde junio pasado, cuando sorpresivamente emergió la lucha entre los Beltrán, con Alfredo Beltrán Guzmán, El Tito, a la cabeza en Badiraguato, también en el sur del estado comenzó a brotar la violencia.

Primero en la sierra de El Rosario, en donde la Secretaría de la Defensa Nacional ubicó a las células de los Beltrán Leyva peleando el territorio; luego también emergió en la zona rural de Mazatlán, para a partir de agosto invadir la ciudad, con multihomicidios y narcomensajes como franca declaratoria de guerra.


Las bajas

Según el procurador Marco Antonio Higuera Gómez, son los Beltrán Leyva los que han “levantado” y asesinado a narcomenudistas del cártel de Sinaloa.

Se trata de personas, en algunos casos, que tienen antecedentes, usan drogas y las vendían. Las familias de las víctimas hasta ahora no han salido públicamente a dar una versión distinta.

Las jornadas violentas que se han vivido en el puerto tienen varios hechos de sangre, como el ocurrido el domingo 21 de agosto pasado, cuando amanecieron 7 cuerpos en varios puntos de la ciudad. Cuatro de ellos a un costado de la avenida Bicentenario. En el sitio dejaron un mensaje ya conocido: que eliminarían a los vinculados con los Chapos, los Dámaso y los Mayos.

El miércoles 5 de septiembre, los cuerpos de cuatro jóvenes más fueron arrojados afuera de una tienda de auto servicio en el fraccionamiento El Toreo, sobre la avenida La Marina.

Los reportes de prensa señalan que las víctimas habían sido atadas de pies y manos con cinta industrial, y tenían huellas de tortura. El mensaje en la escena era inequívoco.

Los cuatro individuos habían sido privados de la libertad, y las investigaciones arrojan que los responsables comenzaron a utilizar el mismo modus operandis, torturaros y luego asesinarlos mediante estrangulamiento.

Para esta fecha ya era indudable que la guerra estaba desatada, sin que el Gobierno del Estado pudiera contener la ola de homicidios violentos. El famoso Grupo de Reacción, creado para bajar los altos índices de criminalidad en Culiacán y Mazatlán ha brillado por su ausencia.

Los muertos en la “bella Perla del Pacífico” continuaron en septiembre, entre el horror y el éxtasis de la cocaína que fluye por antros y colonias populares, enclaves del sigiloso mercado ilícito.

La madrugada del domingo 25 de septiembre la ciudad porteña despertó con la noticia del hallazgo de seis cadáveres afuera de una clínica privada en la colonia Adolfo López Mateos. Unas horas atrás, una pareja de hombre y mujer habían sido acribillados en la colonia Lomas de Ébano, muriendo el varón en el lugar de los hechos.

La Procuraduría General de Justicia informó que las víctimas de la López Mateos se llamaban Miguel Ángel Sandoval Cordero, de 27 años; Gilberto Páez Lizárraga, de 41 años; César Osuna Osuna, de 28 años; Raúl Marchen Vélez, de 55 años; Alfredo Simental Villanueva, de 47 años y Sotera Simental Villanueva, de 58 años. Todos ellos residentes de esta ciudad portuaria.

Las seis víctimas tenían huellas de tortura y tenían las manos y pies envueltos en cinta industrial. Mismo modus operandis del crimen.

Las investigaciones del ministerio público revelaron que Sandoval Cordero, Páez Lizárraga y César Osuna habían sido levantados por un comando a las 13:27 horas del sábado 24 de septiembre cuando estaban en el estacionamiento de la tienda Soriana Insurgentes.

Las otras víctimas habían sido privadas de la libertad a las 15:30 horas del mismo día cuando estaban lavando una camioneta frente a un domicilio en la colonia Valles del Ejido. Los responsables llegaron en dos vehículos y a punta de pistola se los llevaron.

Familiares de estas últimas tres personas habían interpuesto formal denuncia por el rapto, pero horas más tarde aparecieron muertas.


Se intensifica

La Fiscalía estatal no reparó en criminalizar a las víctimas. El procurador afirmó que todos contaban con antecedentes penales, algunos por narcomenudeo, otros por portación de armas o secuestro.

Sobre el múltiple homicidio, Higuera Gómez aseguró que los responsables ya están plenamente identificados, pues cuentan con nombres y fotografías de los matones. Adelantó que los sicarios son miembros de la célula de los Beltrán Leyva.

El jueves 29 de septiembre, con un optimismo ramplón, el gabinete de seguridad convocó a la prensa para informar sobre el enfrentamiento de Escuinapa, en donde cinco personas murieron.

Además, Higuera Gómez resaltó que Sinaloa ha respondido bien con las cifras con el Grupo de Reacción, a diferencia del resto de los estados.

Gerardo Vargas Landeros, secretario General de Gobierno, echó las campanas al vuelo, y declaró que en las últimas 48 horas no se había cometido ningún homicidio en Sinaloa.

Pero el optimismo se esfumó al día siguiente, cuando un comando de los Menores, liderado por Iván Archivaldo Guzmán, atacó a un convoy militar con un saldo de 5 elementos muertos, 10 heridos y un paramédico de Cruz Roja lesionado.

Mazatlán también presentó su saldo rojo; la noche del jueves tres hombres fueron ejecutados a balazos cuando se encontraban en la colonia Benito Juárez.

Vargas Landeros festejó al mediodía, pero a las 20:00 horas las ráfagas cortaban la vida de los tres sujetos por la calle Jorge Negrete de la Juárez.

Fuentes de seguridad atribuyeron también este homicidio a la guerra por la plaza. Al amanecer del viernes, mientras Culiacán ardía, en el fraccionamiento Estadio del puerto fue encontrado el cadáver de otro hombre con huellas de tortura, envuelto en una cobija y atado de pies y cabeza.

Todavía a cierre de esta edición, los cuerpos policiacos reportaban el levantón de personas, mientras la lucha de las bandas de narcomenudistas parece incrementarse con el paso de los días.

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