Como ‘animales de circo’: en las prisiones de México los capos de la droga

La psicoanalista y antropóloga mexicana Elena Azaola es una autoridad en temas penitenciarios y de justicia penal. 

En un informe que realizó recientemente para el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas), Azaola presenta algunas cifras impactantes que ponen en perspectiva la realidad del problema carcelario de México.

En su informe dice que cerca del 65 por ciento de las cárceles de México están controladas básicamente por grupos criminales, una conclusión a la que también llega el organismo de derechos humanos del gobierno. Sin embargo, si bien la población reclusa de México de hecho está aumentando, Azaola argumenta que esto está más relacionado con las políticas de drogas prohibicionistas que con la batalla desplegada por el gobierno contra los grandes grupos criminales, como Los Zetas o el Cartel de Sinaloa.


En conversación con InSight Crime, Azaola expuso algunos de sus puntos de vista sobre el crecimiento de la población carcelaria en México.

¿Podría establecer cuándo se empezó a presentar este incremento en la población penitenciaria?

Esta población ha venido creciendo en México, pero no podríamos decir que ha habido un crecimiento significativamente más alto en los últimos años, tampoco podemos hablar de un estancamiento. La verdad es que no existe un crecimiento, digamos, proporcional a la lucha contra la inseguridad y la delincuencia en México.

Entonces ¿lo que podemos decir es que [la población carcelaria] no está creciendo en relación con la crisis de seguridad?

Exacto, y tampoco es que uno quisiera que la población carcelaria creciera. A lo que me refiero es que [el sistema penitenciario] está lleno de gente que no tendría que estar allí. En cambio, quienes tendrían que estar allí no están porque no hay una investigación competente de los delitos en México. Hay muchas fallas en esa parte; la búsqueda de justicia y la investigación de los delitos fallan muchísimo.

La mayor parte de la gente que está en prisión, a veces hasta el 90 por ciento, son personas que fueron detenidas en flagrancia, porque en determinado momento las agarraron robando en la calle. Esa es la mayor parte de la delincuencia, gente pobre que está en la cárcel por robo. No quiero decir que no haya también delincuentes importantes, sí los hay, pero proporcionalmente son muy pocos en relación con toda la población penitenciaria.

La verdad es que muchos de los crímenes, sobre todo los más importantes, permanecen impunes. Por ejemplo, 90 por ciento de los homicidios en los últimos dos años del gobierno de Calderón y en los dos años que van de este gobierno, están impunes. O sea que sí hay un crecimiento de la población carcelaria, pero no es algo notorio o exponencial o fuera de un ritmo que llevaba de crecimiento, sino que ha ido creciendo paulatinamente.

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Usted también señala que sólo el 5 por ciento de los presos son mujeres. Si bien la población carcelaria masculina ha crecido 40 por ciento en la última década, la cantidad de mujeres en prisión se ha duplicado ¿A qué se debe este fenómeno?

Este es un resultado de la política de drogas. Porque estas mujeres que antes robaban —quizá por razones económicas— [para sobrevivir], hoy día se prestan a trasladar cantidades de droga muy pequeñas. Pero lo que destacamos en el estudio es que las leyes de nuestros países [latinoamericanos] no distinguen entre los diferentes niveles de involucramiento de estas personas en las redes de crimen organizado —las diferentes jerarquías que estas personas tienen, o los delitos graves que hayan cometido—.

Las mujeres que nosotros encontramos en México están ahí [en prisión] por haber consumido, por haber llevado pequeñas cargas de droga, o por haber sido contratadas para llevar un paquete, pero en la gran mayoría de los casos no es que formaran parte de grupos de crimen organizado; muy pocas están presas por formar parte de grupos.

¿Usted ve que la administración del presidente Peña Nieto esté dispuesta a acabar con algunas de las prácticas dañinas que contribuyen al hacinamiento penitenciario, como lo es la prisión preventiva?

No se ve que haya un interés. Y ese es el llamado de atención que busca hacer esta presentación. Porque no se va a resolver el tema de la seguridad en México mientras no se atiendan todos los temas relacionados con las prisiones. Es una especie de círculo vicioso. No se atiende a los presos, no se les da una vida digna, están en prisiones los que no tendrían que estar; y esto produce muchos más daños a la sociedad que beneficios.

¿Qué piensa usted de la atención prestada por los medios a las quejas de figuras como ChapoGuzmán y La Barbie en materia de condiciones penitenciarias?

Es un resultado de la misma política de comunicación del gobierno, centrado en tanto escándalo cuando detienen a algún personaje. Entonces, cuando estos personajes, que son los grandes capos, se revelan y plantan cara y dicen, “no nos parece el trato”, [el problema] salta a la luz pública. Pero cuando todos los demás presos que tienen exactamente los mismos derechos lo dicen, no alcanza la misma notoriedad, la misma difusión, pues así lo hacen algunos medios. Es como si estos grandes criminales fueran realmente animales de circo que están exhibidos, y no seres humanos igual que otros que están en prisión y tienen los mismos derechos, esa es la razón.

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